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Otro otoño más que llega casi sin darnos cuenta.
De nuevo el día que se acorta, el regreso a los trajines de la rutina, los reflejos en los charcos. La ciudad recupera su pulso. Ya es imposible que el frío la retraiga de la vida para la que está hecha. Se refresca de un caluroso verano que la mantenía aletargada y mira remolona pero ilusionada el incipiente curso que tiene ante sí.
Porque el otoño es un buen momento para mirar al frente y pintarse una sonrisa en la cara, un punto de inflexión en el año en el que afrontar otros objetos y retos decidida y valientemente.
A la familia de Cultural Caja de Burgos le sienta bien la nueva estación. Acude a su cita con la sociedad burgalesa con energía renovada y deseando ofrecer lo mejor de la mejor manera posible. En esta ocasión, da la bienvenida a un espacio insólito en el que hacer cultura, el Hagar, en los antiguos terrenos ferroviarios de la capital del Arlanzón, con el que la Caja se hermana para apoyar la música en toda su dimensión.
Además, nos parece que el otoño es una época maravillosa para subirse a un tren y dejarse llevar. La oferta de destinos que proponemos es amplia (para todos los gustos) y diversificada (para todos los públicos). Pueden elegir entre ciencia, teatro musical, lírica o la instalación interactiva, incluso optando por un tren a vapor regresaremos al universo del cabaret, no tan lejano como parece. En nuestro coche nos acompañan grandes damas que desean revisitar el mundo para actualizarlo con su voz, investigadores que nos ayudan a comprender el entorno en el que nos movemos, artistas capaces de hacernos creer que el viaje que emprendemos nos acerca a la luna.

Un otoño más llega, pues, sin melancolía ni pereza para Cultural Caja de Burgos. Súbanse a nuestro tren. El viaje promete ser una gozosa y fructífera experiencia.
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